Estimado Presidente:
Creo que convendrás conmigo en que la educación debe
ser un escenario de encuentro y no de confrontación
entre los partidos políticos.
Ambos somos conscientes de
que a pesar de los esfuerzos que hemos realizado a
lo largo de estos años de democracia, no podemos
sentirnos satisfechos del balance que exhibe la
educación.
Los informes nacionales e
internacionales confirman esta impresión. Lo sabes
también como yo. Somos padres y conocemos de primera
mano la pobre imagen que proyectan nuestras aulas.
El alto índice de fracaso escolar; el abandono
prematuro de muchos estudiantes que no completan su
formación; el descenso de nivel en los conocimientos
humanísticos y científicos de los alumnos y las
enormes dificultades que tienen muchos de los
centros de enseñanza a la hora de mantener un clima
favorable al estudio son, entre otros, algunos de
los problemas que aquejan a nuestra educación.
Creo que sólo el desarrollo
de reformas basadas en principios educativos sólidos
e incontestables pueden hacer que despejemos las
incertidumbres que penden sobre nuestra educación y
podamos ver su futuro con optimismo. Para ello es
necesario que nos desproveamos de prejuicios e ideas
preconcebidas y trabajemos juntos con el único
objetivo de mejorar la calidad de la educación,
ofreciendo auténticas oportunidades a nuestros
jóvenes.
De ahí que quiera
transmitirte mi preocupación porque el proyecto de
ley orgánica de educación que promueve el gobierno
que presides ha generado una profunda división en la
sociedad española, suscitando un amplio rechazo
entre las familias y el profesorado y provocando una
atmósfera de malestar e incertidumbre en amplios
sectores de nuestra opinión pública.
Estarás de acuerdo conmigo
en que todos debemos ser sensibles a este estado de
opinión. Los españoles nos reclaman un sistema
educativo estable, capaz de atender los problemas
reales que viven los alumnos, los centros
educativos, el profesorado y las familias.
Sé que los dos estamos de
acuerdo en que este objetivo es prioritario para
ambos ya que está más allá de nuestras legítimas
diferencia políticas. De hecho, sabemos que es un
objetivo vital para nuestra sociedad y su futuro.
Por eso, debemos mostrar en este tema altas dosis de
responsabilidad y generosidad.
Te pido que apartemos
nuestras diferencias y hagamos todo lo que esté en
nuestras manos para acordar unas bases de consenso
estables y duraderas en torno al pacto
constitucional que quedó plasmado en el artículo 27
de nuestra Carta Magna.
Sé que no será fácil.
Estamos ante un objetivo lleno de dificultades.
Debemos encontrar una fórmula de acuerdo ambiciosa
en su voluntad de concordia; una fórmula viable y
sensata, alejada de apriorismos partidistas y en la
que puedan atenderse las legítimas aspiraciones de
las familias y los diferentes sectores educativos.
Quizá te parezca discutible
esta opinión, pero creo que la ley orgánica de
educación no presenta las condiciones que hagan
posible ese objetivo que te comento. Por eso, te
pido que abramos una pausa de reflexión con el fin
de iniciar un diálogo sereno entre las fuerzas
políticas y el mundo educativo para diseñar entre
todos un proyecto educativo ilusionante y compartido
que sea fiel a los principios constitucionales que
dibujan el complejo escenario de la educación.
Creo que han de ser la
libertad, la calidad y un sistema educativo
vertebrado, capaz de garantizar una formación común
básica a todos los españoles y orientada hacia una
plena igualdad de oportunidades, los ejes sobre los
que debería descansar el proyecto educativo del que
te hablo y al que te invito que contribuyamos a
materializar con todo nuestro esfuerzo y dedicación.
En fin, un proyecto educativo a la altura de las
oportunidades que espera una generación de jóvenes
que sólo así podrá contribuir a seguir haciendo
posible el bienestar y la prosperidad de la España
del siglo XXI.
Por todo ello, te expreso mi
plena disposición para que junto podamos trabajar en
pos de tan ilusionante proyecto.
Recibe un cordial saludo
Mariano Rajoy
Presidente del Partido
Popular